The heat in Yucatan

Have you noticed that most people have been in a good mood for the past couple of days? A few drivers (one of them behind the wheel of a bus!) actually let me merge into the traffic. The neighborhood dogs have barked less, and all over town, folks are out and about. Obviously, the cooler temperatures have made for a happier Merida.

I started wondering about the scientific studies that measure the effects of extremely hot weather on our physical health and mental wellbeing? Come to find out that tons of them are posted on the internet – and every single one of them starts with a basic assertion:

Worldwide climate instability is caused by global warming. Period.

This means there will be longer, hotter summers in many places, including Yucatan – so heat-related physical and emotional health problems are on the rise.

Earth’s warming oceans and changing climate improve the habitat for mosquitoes. Mosquito bites can infect humans with diseases – both new and re-emerging – like dengue, chikungunya, and west Nile. As the climate continues to heat up there is a real risk that we’ll see more cases of malaria. Ticks also thrive in elevated temperatures, allowing them to feed and grow at a faster rate. The black legged tick is a carrier of Lyme disease.

How can you avoid mosquitoes and other disease transmitters? In Yucatan, you cannot. But you can significantly reduce risks by using insect repellent when you are outdoors, especially in the evenings. Put screens on all your windows and doors, and to prevent propagation, be sure there is no stagnant water in your home or garden. It won’t be pleasant if you are infected – but  don’t panic – follow your doctor’s advice, and you should recover with no lasting side effects.

In the tropics, dealing with the high temperatures is really the biggest challenge. The human body copes with heat by perspiring and breathing. However, if you live in an environment with high temperatures and high humidity, you may be sweating but the sweat won’t be drying on the skin, and this can lead to heat exhaustion. Be alarmed if you feel dizzy, or have a headache. If you begin sweating profusely, your skin turns red, or you have muscle cramps, you can be sure you are being overwhelmed by the heat. These symptoms can usually be quickly treated with rest, a cool environment and hydration (including refueling of electrolytes, which are necessary for muscle and other body functions). Don’t fool around – if you do not deal with this – your condition will move from heat exhaustion to heat stroke.

How can you prevent this from happening? Drinking water – at least 8 glasses a day – in addition to other fluids is essential to good health in Yucatan. The systems in the human body that enable it to adapt to heat cannot cope if dehydration sets in. One more thing – a number of studies show that people taking diuretics for high blood pressure, and beta blockers could be at increased risk.

Fortunately, in Yucatan, the temperature usually falls in the evening, allowing for respite. But on the nights when it remains elevated, the body can get overwhelmed, and you’ll need to be extra careful the following day.  Certainly society has evolved in dealing with the heat—the biggest boon in hot, humid climates is the development of efficient air conditioners. Fans are not enough, and can actually make it harder for the body to adapt to heat. Like a convection oven accelerates cooking time – blowing hot air on a person can heat them up rather than cooling them down. Although some hardy northerners do manage, I would go so far as to say that if you are moving to Yucatan from a cooler climate, you will absolutely need at least one AC unit.

We’re living to older ages, and Yucatan’s climate is nothing to take lightly. Be careful with the I-can-handle-it attitude. Watch how the locals manage the heat and mimic them.

  • Make the daily siesta (at least lie down) part of every day.
  • Only exercise in the early morning or late in the evening.
  • Stay out of the noonday sun.
  • Walk on the shady side of the street.
  • Wear a hat, or carry an umbrella to protect yourself from the direct rays.
  • Use cotton clothing
  • Drink plenty of water.
  • Go easy on the heavy food and alcohol.
  • Do your socializing in the evenings.
  • To bring down your body temperature, take frequent showers or frequently dip into a pool.

Look after yourself, and you’ll live happily in the heat, you’ll save yourself a lot of grief and you’ll be healthier – body, mind and spirit.

 

La Ciudad Blanca

Normalmente, escribo en inglés, pero hoy redacto en español, para que todo el mundo se entere:

A primera hora del día de hoy, leí un artículo en La Jornada Maya, escrito por Ricardo Tatto, titulado: “Mérida: una ciudad viva” y subtitulado: “Pide silencio la otra ‘elite blanca’ ” (SIC). (https://www.lajornadamaya.mx/2017-03-27/Merida–una-ciudad-viva )

Desde hace tiempo, esperaba un artículo con este enfoque. Por desgracia, las relaciones entre México y sus vecinos al norte nunca han estado peor. Los mexicanos tienen toda la razón de estar molestos y ofendidos. También yo lo estoy. Pero no es lo apropiado, sacar la ira contra un grupo de expatriados viviendo en Mérida, como tampoco es el trato tradicional de la gente del sureste de México. Al contrario, desde hace un siglo los peninsulares han dado la bienvenida a los turistas extranjeros y a los foráneos que han establecido sus hogares aquí – todos han recibido los beneficios de esta convivencia.

Yo nací en Canadá y llegué a vivir a Mérida, hace 41 años. Me sentí muy bien recibida. Me case con mi novio yucateco y aquí hemos vivido durante las últimas cuatro décadas. En los años 70 había una población de apenas 250.000 habitantes, y el centro de Mérida era un lugar muy vivo. Recuerdo como mis suegros sacaban sus sillones a la puerta de su casa, sobre la Calle 56 para “tomar fresco”. Recuerdo cuando muchos “taxis” eran calesas jaladas por caballos. También recuerdo cuando casi no había supermercados y todo el mundo compraba en los mercados.  Recuerdo con nostalgia cuando los centros de diversión eran “Los Tulipanes”, “La Prosperidad”, y “El Aloa”.

Luego, en los años 80, muchos de los vecinos y negocios se mudaron al norte de la ciudad. Pronto el centro se convirtió en un lugar de tristes edificios abandonados y calles oscuras. Unos años después, hubo una especie de renacimiento, y el centro se transformó nuevamente en un lugar precioso. ¿Y quiénes empezaron esta restauración? ¿El gobierno? ¿Los comerciantes? ¿La sociedad yucateca? ¡No – no – y otra vez – no! Aunque no quieren creerlo, fueron los extranjeros jubilados que llegaron a nuestra ciudad en busca de un lugar tranquilo.

Es verdad – desde la época del Presidente Reagan, muchos ciudadanos de los EEUU han salido de su país porque están en desacuerdo con la política. Compraban los predios vacíos – casitas y casonas por igual – y les devolvieron su belleza. Corrió la voz de lo lindo y tranquilo que es Mérida, y en los años 90 llegaron más estadounidenses, canadienses, europeos y nacionales de otros estados de la República, quienes también compraron las casas en ruinas, y las transformaron en sus hogares. Ya para los principios del siglo XXI, los gobiernos municipales y estatales siguieron el ejemplo – poco a poco – la ciudad volvió a lucir como la ciudad blanca que hoy en día nos llena de orgullo.

Vivo en la García Ginerés, pero desde hace 27 años mi esposo y yo tenemos una escuela de educación superior en el mero centro de la ciudad – en un predio familiar que adquirió mi suegro en 1956, razón por la que vamos al centro histórico todos los días, mas de una vez.

En los últimos años, hemos observado que muchos negocios se han establecido sobre las calles y alrededor de las parques del centro. Otros negocios, existentes desde hace muchos años, han modificado su imagen y ahora gozan de mucha popularidad. Están aprovechando el flujo de gente y no hay nada malo en esto. ¡Qué bueno que hay vida de nuevo y más prosperidad en el centro histórico de nuestra ciudad! Pero, por las noches, realmente es un escándalo – el ruido es insoportable en muchas casas y negocios vecinos de ciertos bares y antros.

Como es de esperar, los vecinos (nacionales y extranjeros) están desesperados porque no pueden ni dormir. Acudieron a las autoridades municipales, mismas que han ha convocado a dos reuniones para escuchar opiniones de los vecinos, comerciantes y  propietarios de bares. El artículo en La Jornada Maya menciona que no todo el mundo fue invitado.

Yo estuve presente, y me consta que por lo menos la mitad de los asistentes era gente de negocios de Mérida y sus trabajadores. Una persona de este grupo estaba sentada junto a mí, y me comentó que ella fue invitada a la reunión. Si ella fue invitada, yo creo que los demás también lo fueron.

Realmente, asistir a esta reunión fue una experiencia desagradable. Me lleno de vergüenza escuchar las acusaciones a gritos de parte de algunas personas de Mérida – hacia los extranjeros – una señora norte americana, me dijo después de esta reunión, que alguien pateo su silla – ¿Qué es esto? No es la Mérida que yo conozco.

Al terminar su artículo, el reportero de La Jornada Maya pregunta:

“¿Al final del día, sin afán de ser reduccionista, todo recae en preguntarnos qué clase de ciudad queremos, ¿un centro de retiro para los expatriados jubilados que sólo vienen a Mérida a morir…” (SIC)

Pues yo quiero una ciudad donde “la paz empieza con el respeto al derecho ajeno.” (Juarez)

  • Hay que dialogar – no insular
  • Las autoridades necesitan establecer reglas y normas para todos – y todos tienen la obligación de respetarlas.
  • Si no lo hacemos – todos vamos a perder
  • Si no nos cuidamos de nuestras acciones y modales, caeremos al nivel de una ciudad sin leyes.

Somos mucho mejor que esto – todos tenemos que comportarnos como gente civilizada – no como bárbaros.

Finding Balance

Good wine does not just happen. The owner of the vineyard must tend to his land and the vines. During the growing season, the amount of sunshine and rainfall helps determine the excellence of the grapes, as does the severity of the winter weather. The harvesting and pressing are crucial factors, and the aging process must be timed just right. Producing a good vintage is an art. When the wine is ready for market, the vintner must find the right distributor. He prays the long-necked bottles will be transported and stored with care, and that wine connoisseurs will enjoy the result of his labor.

In ways, writing is like making wine. The more care a writer takes and the more experience she has – the better the results. A writer needs solitude, but not so much that she grows absolutely dependent upon it – the world around her plays a vital part in the creative process. When the manuscript is finished, the editing begins. More revision makes for a better book. Hopefully the writer finds an agent, publisher and distributor who will take her book to market – it has to be where readers can find it. And of course, the author hopes her book will be read over and over again – that it will find a forever home in public libraries, and on private bookshelves.

Those who enjoy wine need some restraint. All of us know that drinking in excess is not a healthy habit.

And writing? Truth be told, too much time in front of the computer is not good either. When I am deep into a lengthy project, it is easy to get so involved that the book’s world becomes my world. I think about my characters all the time. They take on a life of their own, and if I fail to keep perspective, they could become as important to me as my real time family and friends.

And this is the crux. To reach our full potential in any pursuit – winemaking, writing, painting, cooking, carpentry or whatever – we have to spend time away from our day-to-day lives. . I’ve heard it said that 10,000 hours of practice are necessary  to become proficient at anything. During those 10,000 hours, the danger of ostracizing family and frieds is definitely there.

Is excess involvement ever a good thing?  Some artists argue that “the work” must come first. But hey – of those who truly dedicate themselves to their art – how many have happy home lives, solid marriages, and children who do not feel ignored?

The other day, someone asked me when I would write another book. I want to – I do – but my real world needs a lot of attention right now. I hope that I will soon be able to carve out enough time and make the commitment – I’ve got ideas I could develop – it’s all about finding balance..